Así fue el juego 27 ponches en las Grandes Ligas

Matt Monagan

Esta nota fue publicada originalmente en mayo del 2021.

A Ron Necciai, quien tiene 88 años, pareció darle gracia de que yo y otros todavía queramos hablar de aquel juego inverosímil que lanzó en 1952.  

“Todavía recibo tarjetas, cartas y fotos para firmar”, Necciai me dijo durante una reciente conversación telefónica. “Si, sorprendentemente. Es increíble. Hace 70 años que no juego”.

Digo, Necciai no puede culpar a nadie por querer hablar con él. Hace 69 años, el derecho fue autor de uno de los partidos más insólitos en la historia del béisbol organizado. 

A sus 19 años, como jugador de liga menor de los Piratas, ponchó a 27 bateadores sin ceder hit alguno en un encuentro de nueve entradas. Es la única ocasión en la que eso ha sucedido a nivel profesional. 

Necciai quedó más sorprendido que nadie de haber logrado semejante hazaña, porque siempre considera que era demasiado errático para tener éxito en la lomita. 

“Yo me calificaba como un tirador”, Necciai me dijo. “En el programa había una “P”, pero yo nunca fui un pitcher”.  

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Necciai incursionó en el béisbol profesional en 1950. Y tiene razón: era un poco descontrolado en la lomita. El diestro lanzó por los Salisbury Pirates y los Shelby Famers, por quienes dejó EFE de 21.00 y EFE infinita, respectivamente. 

“O daba base por bola o ponchaba”, dijo Necciai. 

El año siguiente, el gerente general de Pittsburgh, Branch Rickey, envió a Necciai a Doble-A Nueva Orleans para trabajar en su control. El manager de dicha sucursal, Rip Sewell, era un exlanzador de Grandes Ligas, aunque se le conocía más por inventar el lanzamiento lento conocido como “eephus” en un intento por revivir su carrera. Fue una opción interesante para tratar de ayudar a un serpentinero joven domar su recta. 

“Rip Sewell no fue de ninguna ayuda, en lo que a mí me respecta”, Necciai me dijo entre risas.

Rip Sewell readies his eephus
Rip Sewell readies his eephus

Aun después de más problemas de control en 1951, (129 bases por bola en 139.0 innings), la organización de los Piratas sentía que Necciai era muy joven y que era demasiado pronto para darse por vencimos con él. Los cronistas lo apodaron “Rocket Ron” por su recta abrasadora. Rickey yo lo proyectaba como el próximo Christy Matthewson o Dizzy Dean. 

Necciai fue invitado a los entrenamientos primaverales de los Piratas en San Bernardino en 1952, pero problemas con úlceras estomacales, un padecimiento de toda la vida, se convirtieron un gran impedimento. El serpentinero fue a ver a un médico, se tomó tiempo libre, y luego Rickey — tomando en cuenta los problemas de salud de Necciai — le preguntó en dónde se sentiría a gusto jugando esa temporada. Necciai quería jugar bajo su manager de sus días en Salisbury, George Detore, por lo que fue enviado al nuevo equipo de Detore en la Liga de Appalachia en Bristol, Virginia. 

Necciai de pronto se encendió con el equipo de Detore. Ponchó a 20 bateadores en su debut a la vez que solamente otorgó cuatro boletos. En otro juego, abanicó a 19 bateadores, y tres días después, ponchó a 11 de los 12 que enfrentó como relevistas.

Sin embargo, pese a lo que bien que le iba en el terreno, Necciai estaba batallando con su estómago. Aun la noche antes de su juego histórico el 13 de mayo, tenía dolores.

“Estaba tomando todo tipo de medicamentos para los calambres estomacales”, dijo Necciai. “Tenía molestias en el estómago ese día, créanlo o no”.

Necciai dijo que no se dio de cuenta que había sumado 27 ponches hasta el último out. Tampoco recuerda nada específico de su actuación. Simplemente le dio crédito a su cátcher y a su manager. 

“Si, digo cuando le das un bolazo a un muchacho y das una base por bola y hay un error, hay mucha acción”, dijo Necciai. “En realidad no estaba prestando atención a lo que estaba sucediendo. Me concentré en tratar de tirar strikes”. 

“Fue impresionante por esa noche, no podían darle a nada”, señaló el receptor Harry Dunlop, quien tenía 18 años, mientras que Necciai tenía 19.

Dunlop, quien fue catcher de Ligas Menores por 14 campañas y luego fue coach en liga menor y en las Mayores por cinco décadas, dijo que el repertorio de Necciai en ese partido fue el mejor que vio todo el año.

“En esos días no había manera de medir la velocidad de los pitcheos, pero sus lanzamientos fueron los más fuertes que vi como receptor en años”, indicó Dunlop. “Tenía una curva que parecía un splitter — tenía esa caída que se ha visto desde los viejos tiempos”.

Harry Dunlop during his time coaching with the Reds
Harry Dunlop during his time coaching with the Reds

Dunlop recordó que Necciai probablemente realizó casi 200 pitcheos, y también ratificó que el descontrol de su compañero de batería también fue parte de la épica presentación.

“Tuve que trabajar…bastante”, dijo entre risas Dunlop. “Estaba bloqueando bolas toda la noche, como se lo pueden imaginar. Muchas cuentas de 3-1, 3-2. No hubo muchos outs con tres lanzamientos”.

Necciai aparentemente golpeó al primer bateador en el cuarto episodio, luego el error sucedió en el noveno — también un tercer strike que se escapó, lo que le dio a Necciai la oportunidad de abanicar a cuatro en el último capítulo y conseguir 27. Los bateadores de Welch estaban dando toques de bolas en los últimos innings, pero de alguna manera no podían darle a ningún lanzamiento.

n cuanto a cuándo Dunlop se dio cuenta que algo histórico estaba sucediendo, dijo que se fijó en la sexta o séptima entrada cuando el público comenzó a contar en las gradas.

“Oye, está ponchando a todos”, pensó el catcher en ese entonces. “Dije ‘Dios mío’. No me había dado cuenta. Había estado en cuentas altas en tantos turnos y lo único que pensaba era hacer el trabajo y lograr que el pitcher lanzara todo el partido”.

Pero nadie se lo dejó saber a Necciai, posiblemente porque estaban preocupados de que perdiera el enfoque.

Al otro día, los medios se le acercaron al adolescente, pero definitivamente no fue una gran noticia como lo hubiera sido en la actualidad.

“No llamó tanto la atención”, expresó Necciai. “Sabes, fue en las Ligas Menores”.

Y luego, en su siguiente apertura, Necciai ponchó a 24 en nueve capítulos. 51 abanicados en dos encuentros (recuerden que Jacob deGrom fijó un récord de MLB con 50 ponches en cuatro salidas). Eso es un índice de 15.5 ponches por cada nueve entradas.

“Correcto”, dijo Necciai con una sonrisa, al preguntársele si en realidad había abanicado a 24 en su siguiente juego.

“La recta le explotaba al bateador”, detalló Dunlop. “La rompiente…si se hubiera mantenido en salud por un buen tiempo. Sabrá Dios lo que hubiera hecho”.

Después de esa presentación (y después de ponchar a 109 bateadores en 43 innings), Necciai fue ascendido a la Liga de las Carolinas, donde continuó dominando bateadores. Encabezó la liga con 176 abanicados en apenas dos meses.

“Me fue muy bien allá”, indicó Necciai, finalmente reconociendo por cuenta propia el buen pitcher que fue. “Lideré la liga en ponches, efectividad. Fui convocado al Juego de Estrellas, no sé por qué”.

Finalmente, en agosto de 1952, fue subido a las Mayores. El derecho de 20 años rápidamente se dio cuenta de la diferencia entre las Mayores y las Ligas Menores. Los bateadores eran más pacientes y conscientes de la zona de strike. El novato tuvo foja de 1-6 con promedio de carreras limpias de 7.08. Además, ponchó a 31 y otorgó 32 pasaportes. Su debut fue en el legendario Wrigley Field.

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“Cuando podía tirar strikes, retiraba bateadores. Cuando los embasaba, era una catástrofe”, explicó Necciai. “El primer día contra los Cachorros, me aplastaron…En las Grandes Ligas no puedes otorgarle boletos a todo el mundo”.

Después de esa temporada, Necciai fue llamado a prestar servicio militar para la Guerra de Corea, pero fue dado de baja por problemas de úlceras. Mientras trataba de recuperar su forma como lanzador, sufrió un desgarre en el manguito rotador y perdió su capacidad de lanzallamas. Tuvo otra campaña en liga menor en 1955, pero la lesión le impidió seguir.

“No aguantaba el dolor”, declaró Necciai. “Y si te hubiera dado un bolazo, hubieras pensado que te picó un mosquito o algo así”.

Por eso, a los 23 años, y con un futuro ya perdiendo su brillo, un médico le dio un consejo que nunca olvidará.

“Hijo, es hora de que vayas a casa, compra una estación de gasolina. Nunca lanzarás otra vez”.

Necciai de hecho regresó a casa, pero entró al negocio de artículos deportivos — y tuvo bastante éxito. También parece que no se arrepiente de nada. Lanzó uno de los mejores partidos vistos en un terreno de béisbol, como no ocurrió con la mayoría de los prospectos, él sí cumplió su sueño de jugar en las Grandes Ligas.

“Es lo que cada niño quiere hacer”, reconoció Necciai. “Gané un partido, pegué un hit y remolqué una carrera…Lo hice todo. Y nadie en el estadio estuvo tan sorprendido como yo”.

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